sábado, 29 de octubre de 2011

Extraños

“La muchacha lo está esperando mi comandante” me dijo el policía que vigilaba el cuarto de interrogatorio. Eran las 9:15 am y hasta ahora era un día normal en mi trabajo. Tomé los papeles de la mesa que estaba justo al costado de la puerta  y entré a la habitación donde estaba la muchacha, sentada, esposada, y con la cabeza cabizbaja. Sólo noté su hermosa cabellera ondulada, que bajo la luz del sol que daba por la ventana tras de ella, lo tornaba de un color marrón rojizo fascinante.

“Veamos” dije mientras abría el folder donde estaba el expediente de la muchacha sentada. Su nombre era Brigiette Zapata, era la única sospechosa del asesinato de su prometido.

- ¿Dónde estaba el día del asesinato de su prometido? Pregunté. Ella levantó la cabeza y pude observar sus ojos, algo marcados y rojos por las lágrimas de la pérdida de alguien querido, me hipnotizó. “Responda por favor” volví a decirle.

- “Estaba con unas amigas celebrando el cumpleaños de una de ellas” dijo mientras ponía las manos esposadas encima de la mesa.

- “Se puede observar en las fotografías de la escena del crimen rastros de lucha ¿él era violento?”

- Escuché un sollozo y vi caer una lágrima por su rostro “era muy violento” dijo.

- “Cuanto lo siento” dije “tenemos 24 horas para presentar cargos contra usted, de lo contrario, podrá ir a casa, pero por ahora, tendrá que permanecer en la carceleta”

Salí de la habitación con rumbo a mi oficina, la muchacha me parecía particularmente bella y golpeada por la vida, algo que a muchos nos llega a pasar y que pocos llegan a superar.

Fui a casa de su prometido, tomé algunas fotografías y recopilé más información sobre el caso, era extraño. Me preocupé por corroborar la coartada de la muchacha, así que investigué su teléfono móvil y las llamadas realizadas, había hablado con su prometido unos 15 minutos antes de su muerte. “Que extraño” dije. Tomé una hoja del block de mi bolsillo, saqué un bolígrafo y recordé a la muchacha sentada en la sala de interrogatorio, sentí una sensación extraña y anoté una frase, arranqué la hoja y la guardé en el bolsillo de mi saco.

Regresé a la estación, entré a mi oficina y llamé al forense, le pregunté si había huellas desconocidas en los rastros de la escena de crimen, “no, no hay huellas extrañas, sólo el de él y su mujer” dijo del otro lado del auricular “el golpe fue preciso, no hay moretones de lucha, habrá tenido que ser un objeto contundente, macizo y a la vez blando, en su cabello se encontró un rastro de tela algo azulina, lo llevamos al laboratorio para analizarlo”, “gracias” dije.

Tomé un taxi a casa de la madre de la muchacha, conversé con ella, estaba preocupada, juraba la inocencia de su hija, la calmé, le dije que tan sólo quedaban un par de horas para presentar cargos, de lo contrario podría salir libre. Se alivió, le pregunté sobre Brigiette, me dijo que era algo tímida, dulce, tierna, delicada, y a mi sólo se me venía a la cabeza su hermoso cabello ondulado. “Cuide de ella cuando salga, por favor, debe estar muy mal y hace mucho que no hablo con ella, no tiene un lugar donde quedarse, por favor” me dijo su madre mientras dejaba su taza de café en la mesa de centro, me ruboricé. “Sí señora, no se preocupe, yo velaré por ella”, “Gracias” dijo y cogió nuevamente la taza de café para llevársela a la boca.

Faltaban 30 minutos para completar las 24 horas y no se presentaban cargos por falta de evidencia, fui a la carceleta y hable con la muchacha, le dije que la iba a estar esperando con mi automóvil frente a la estación y por encargo de su madre, cuidaría de ella estos días, me miró y asintió con la cabeza, salí de la pequeña habitación y esperé cruzando la calle, en el auto.

La vi salir de la estación con un vestido corto, aretes grandes, un paraguas en la mano y zapatos guindas de tacos algo grandes, era preciosa. Abrí la puerta del auto y la salude. “Dormirás en mi habitación, yo dormiré en el mueble” me miró y asintió con la cabeza, estaba algo tímida, no habló conmigo en todo el trayecto, eran ya las 8:00 pm.

Llegamos a mi casa, abrí la puerta del coche, la ayudé a bajar y dijo “gracias” mirándome con sus ojos marrones intensos, que reflejaban la luz de los faros en la noche, haciéndola más hermosa aún. Le enseñé la casa, recorrimos las diferentes habitaciones, dejé mi saco en el mueble y caminamos por el corredor, se quedó observando las fotografías mientras yo me lavaba la cara para estar algo más fresco. “¿Es tu esposa?” preguntó señalando la fotografía de mi boda

- “Sí” respondí “me casé hace tres años”

- “¿Y dónde está ella?” Me preguntó mientras miraba las fotografías.

- “Ella, falleció hace un año y medio” suspiré.

- Me miró, se acercó y me abrazó. “Cuanto lo siento” dijo

- “Aquí está tu habitación” dije mientras abría la puerta aún abrazado a ella.

- “Gracias” dijo.

Me senté en el mueble y puse algo de música, saqué un cigarrillo de la cajetilla que estaba en la mesa, lo prendí y me puse a pensar en mi esposa, en Brigiette, en mi vida, en porque me sentí tan cómodo cuando me abrazó, en la nota que escribí en la tarde, el reloj marcaba ya las 2:15 am. Apagué mi cigarrillo y fui a lavarme los dientes, el baño quedaba frente a mi habitación, donde estaba ella, abrí la puerta lentamente y la vi echada, boca abajo, durmiendo, soñando con cosas que jamás pasarían, con cosas que muchas veces no se pueden hacer realidad.

“Pasa” dijo, me asusté, abrió los ojos levantó la cabeza hacia mi “pasa” volvió a decir. Me senté al borde de la cama y preguntó

- “¿No puedes dormir, verdad?”

- "No”, respondí, mientras la veía recostada boca abajo.

- “Yo tampoco” dijo

- “¿porqué?” pregunté, mientras ella se daba vuelta y levantaba para mirarme.

- “No lo sé” respondió.

Nos quedamos en silencio por un minuto, sólo se escuchaba el sonido de algunos automóviles y la música suave que había puesto en la sala, nos miramos frente a frente, alargó su brazo, tocó mis mejillas, yo toqué su cabello y lentamente nos acercamos el uno al otro quizás buscando consuelo en nuestros labios para calmar corazones que el destino quiso maltratar. La recosté sobre la cama, besé su cuello, sus labios, ella rasgaba mi espalda, mordía mis labios, mis orejas, mi pecho. El deseo fue más que el consuelo.

Desperté y miré el reloj, eran las 9:00 am, Brigiette no estaba, me mojé el rostro y escuché el sonido de la licuadora, “Brigiette” pensé, fui a la sala y estaba ella preparando un licuado, sonreí, cogí mi saco y fui a la habitación a cambiarme, saqué del bolsillo la nota que había escrito y la puse sobre la cama. Escuché el sonido de mi celular en mi saco, lo busqué, me llamaban de Criminología

- “Bueno” dije

- “Mi comandante, la tela encontrada en el cadáver contiene fibras extrañas, algo impermeables, quizás sea un paraguas. . .”

Colgué el teléfono, cogí la nota y salí de la recámara, me senté en el mueble y vi su paraguas azulino.

- “¿porqué lo mataste?” pregunté. Ella levantó la mirada, dio un suspiro y sonrió.

- “Personas como él, sólo hacen daño a la sociedad, me cansé de su abuso, de su maltrato, cuantas veces he ido a una comisaría a asentar una denuncia que nunca me ayudó en nada, la justicia solo existe por manos propias”

Me levanté, me acerqué hacia ella, la abracé fuertemente, le dije que todo iba a estar bien, que yo iba a cuidar de ella. Cogió el cuchillo que estaba en la mesa de cocina y me apuñaló fuertemente, grité de dolor y dejé caer la nota que estaba en mi mano, se preocupó, removió la sala de pies a cabeza, lo hizo parecer una discusión, un asesinato en defensa propia, se arrodilló, cogió mis manos puso mis uñas en su rostro, se arañó y observó la nota en el piso, la levantó abrió el papel y leyó “Te vi y de una forma extraña, me enamoré de ti”, una lágrima cayó por su mejilla, me dio un beso en los labios, cogió el teléfono y llamó a la policía.

1 comentario:

  1. Que raro... estaba seguro de haberte comentado esto =P
    Bueno, me gustó mucho, pero tienes que cuidar la redacción y puntuación, pues a veces perdí el hilo de la historia. Es bastante atrapante y cuesta dejar de leerlo, ¡te felicito!

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